Yo me ahogo en un vaso de agua, pero tú también.

Ayer no pude dormirme hasta pasadas bastantes horas acostada…durante todo ese tiempo pude pararme a pensar en muchas cosas y de ahí pensar por qué me gusta tanto sacar el por qué de todo lo que me rodea, todo lo que veo, todo lo que hago, por muy pequeño e insignificante que sea.

Para encontrar una explicación razonable a algo es necesario comprender que incluso la cosa más complicada del mundo está compuesta por una serie de elementos básicos. Todo lo que vemos y sentimos ya lo hemos percibido antes, pero sólo es cuestión de recibir ese estímulo básico capaz de desencadenar esa reacción en cadena de pensamientos que se suceden en busca de una explicación posible a la cuestión más mundana.

Lo siguiente consistiría en encontrar la connotación adecuada a cada acto, movimiento, expresión, gesto, sonrrisa o mala cara, el problema es que son tantas y dependen de tantos factores que resulta casi imposible dar con la justa a la primera; de ahí que demos a veces tantas vueltas a un tema.

Cada rincón de nuestra mente está esperando ese estímulo básico que permite detonar el sentido de cada momento que vivimos…

Sin embargo, a veces, perdemos y olvidamos que es mejor pararse a contemplar cada instante, el instante que no volverá a ser el mismo porque la idea de cada momento nunca volverá a ser la misma, porque la intención puede ser igual pero las circunstancias nunca iguales. Pues bien, las personas, todas por mucho que algunas renieguen de ser tan “complicados” mentalmente, necesitamos encontrar los porqués de todo, porque nuestra curiosidad es interminable e imparable ante cualquier novedad implicita o no en algo, conocida o no.

Por ello, no es tan descabellado decir que alguien “se ahoga en un vaso de agua”, cuando es cuerdo pensar que el vaso de agua es uno sólo pero está compuesto por móleculas de agua, que a su vez, están compuestas por diferentes átomos y partículas, al igual que las ideas humanas que parten de un molde fijo y se subdividen después, para acabar dando lugar a algo mas complejo y elaborado.

La complicidad no nace de la nada, algo no es complejo porque sí, sino que nace de algo simple que junto con otros “algos” simples, dan lugar a algo más elaborado…como al igual que el ser humano que nace siendo algo simple, que surge a partir de dos elementos básicos completamente, y acaba pudiendo desarrollar cosas tan increíbles como el pensamiento sobre porque algo duele o algo no duele, cuando duele más o algo duele menos; o distinguir cuando eres feliz o no perfectamente.

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