L’autre valse d’Amélie


Cuando te paras por un momento a pensar en cómo se componen, compusieron y se compondrán los días que vives, los que van conformando tu vida, te vas dando cuenta, al menos yo, de que es como un puzzle.
Un puzzle formado por piezas, como todos, pero no piezas comunes sino muñecas matrioskas. Cada una es una persona y dentro de cada una de ellas, hay otras más pequeñas, que no son ni mucho menos otras personas, no vayamos a pensar, sino momentos, y dentro de esos momentos, circunsatncias, y dentro de ellos, detalles, y dentro de ellos, valores, y dentro de esos mismos, sensaciones, y dentro de estos emociones, y más y más y más adentro, en el núcleo, la esencia.

La esencia, esa parte de la persona, que te quedas para conformar una pieza más en nuestras extrañas vidas, porque con unas u otras particularidades, no me he encontrado una sóla persona aún que no haya tenido una vivencia peculiar. Es esa parte que puedes permtirte extraer, cuando llegas a conocer a ese/a que tienes en frente tuyo tanto que con el tono de voz, ya sabes cómo se siente, o incluso con ver cómo y hacia dónde mira se siente mejor o peor, en qué está pensando…
Es verdaderamente entonces, cuando puedes sentir que conoces bien a alguien y que aún así con sus errores, defectos, virtudes y excelencias le quieres en tu puzzle. Pues bien, no vale conformar el puzzle con la primera pieza que pasa, no todas encajan, aunque muchas veces nos empeñemos en querer meterlas a martillazos… Es probablemente el juego más pesado, largo, duro, feliz, extraño, incomprensible, complicado, extraordinario e impredecible que podamos llegar a tener en nuestras manos, pero por eso mismo hemos de esforzarnos en buscar las mejores piezas. Tampoco es que sea precisamente fácil encontrarlas, por ello, podemos pecar a veces de impacientes, con el consecuente golpe de cara.
No deben alterarnos ni ponernos nerviosos los espacios en blanco, tarde o temprano llegará y encontraremos la que encaje bien, nadie dice que vaya a ser ni a la primera ni a la segunda, pero finalmente se haya, de uno u otro modo.
Complicado, sí, pero finalmente recompensado con una vida plena llena de vivencias dónde tiene cabida la gente que de verdad merece la pena, y la que no tanto, pero que también tiene su papel conector con las primeras, al menos en mi caso. Todo y todos servimos para aprender y hacer aprender a otros en este mundo de muñecas rusas dentro de otras que forman personas que a su vez forman puzzles y a su vez vidas… ¿subrrealista verdad? Genial, digo yo.

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