Hit the heartbrakes.


No tenía nada que hacer salvo sentarme y esperar. Sonaba “La noyée” de Yann Tiersen en el i-pod. Miraba dos hojas en el suelo. Separadas. Vino el viento y una se movió un poquito, sólo un poco. Levanté la vista. Nada… Pensaba ya que mi falta de sueño y el despiste que llevo últimamente encima habían hecho que me equivocará o algo…
Volví a distraerme con las hojas, esta vez no se movieron y seguí esperando, aburrida y a la vez impaciente, como cuando esperas un vuelo que se retrasa.

Y entonces justo levanto la vista y sale. Como si nada. Muy bien, pues yo detrás. Me miro en un cristal y sigo. No pienso correr porque me da la impresión de que todo el mundo miraría y sería demasiado peliculero, pero camino rápido. Doy la curva y ahí por h o por b se da cuenta de que voy detrás (nunca mejor dicho).

Da igual a donde camine, olvido la orientación y camino sin más…a ver a donde llego…
Parece que la última vez que le hable fue hace millones de años y a la vez pocos días. Por momentos, unos parecen más cercanos y otros más lejanos. Sin embargo hablamos como si nada aunque se nota el paso de los días.

Se mantiene la distacia aún así… y aunque me gustaría pasar ese centímetro que marca un antes y un después, no lo hago. Por más que quiera, no lo hago. Es como si tuviese un automático que salta en cuanto se dispara alguna posibilidad más de hacerlo.
Por tanto mantenemos la distancia, sin novedades. Y así se suceden los minutos unos recuerdan más recientes que otros pocos…
Y vuelve la nostalgia y derrepente vuelve lo de siempre, la orda de recuerdos. Tengo un problema, pero callo y sigo escuchando.
Conecto y desconecto. Necesario, puesto que si no lo hiciera no sé como podría haber acabado eso gracias a mis impulsos primarios.
Por tanto, mantengo el autocontrol procurando que no se notase mucho.
No sabía que hora era, tampoco me importaba. Aún así sabía que era hora de irme… No quería pero debía irme.

¿Y ahora qué? Las despedidas se vuelven odiosas cuando te tienes que reprimir y hacer lo más correcto… y yo… bueno… hice lo medianamente correcto, cogí el bus y me volví a casa con las ganas.

Llegué a casa, me ví en el espejo sonriente y con unas ganas reprimidas dentro que sólo pude sacar a base de reirme mucho y volver a sentarme en el sofá a esperar…

Al fin y al cabo lo bueno se hace esperar…

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