Agua, luz y Bruselas.

No creo que sean horas. Tal vez, éstas son precisamente las menos indicadas para nada de esto: para escribir, para pensar, para hablar, ni si quiera para estar despierto.
No ha pasado tanto tiempo como para poder olvidar todo y cerrar el libro, yo, por mi parte, me esfuerzo por terminar capitulos, y sin embargo, no logro acabar con el libro entero. Aunque puede que incluso llegue a sorprenderme y no se trate más que del siguiente tomo de la colección.
De un modo u otro, siempre acabo igual, a kilómetros de casa, pensando en todas las cosas que echo de menos con mayor nostalgia. Acentuada por la distancia, cobran un destello especial dentro de la memoria, que hacen que chisporroteen con una incandescencia sin fin. Aún tan si quiera cerrando los ojos e intentando conciliar el sueño logro desviar mi atención hacia cualquier otra cuestión que me haga olvidar, aunque sea por un instante. El mismo instante que con ganas, busca el sueño pero no encuentra más que el sucedáneo de un descanso de unas seis horas.
La noche sigue y yo pegada a la pantalla la noto pasar tras de mi. Sin hacer ruido. Se oculta rápido entre los sonidos de los coches o las voces de los demás huéspedes del hotel.
Sólo se oía el secador de pelo de la habitación de al lado, el ventilador del ordenador y el del aire acondicionado, que deja poco a poco cada vez más congelados mis pies y que, por vagancia, permanece encendido con su “ruanruaun” al menos por unos cuantos minutos más.
Queda un día para que me vaya de esta ciudad. Más que un día, unas horas. Dejo atrás una semana de exploración turística y artística que deja a su vez tras de si, un silencio incondicional de horas de madrugada sin aprovechar a causa de los recuerdos buenos pero traicioneros que ahora llegas tú a volverme a poner en frente. Como si fuesen parte de una lista que nunca se esfuma ni se rompe del todo. Implosiona en nuestra cabeza y vuelve del inframundo de la memoria para regresar si cabe con más puntos que añadir.
Es por ello que no me gusta estar despierta hasta tarde, menos levantada, aprovecho demasiado a reflexionar sobre cosas que creía olvidadas y que sin embargo acabo por reconocer aún latentes…
Probablemente te esfuerces por convencerle de que no es asi, mucho más que si estuviese todo bien, cae de cajon es razonable.
Quizá ahi este la explicación
o el nexo,
en lo que atrae a veces,
el no llegar del todo.


Las frases que puede llegar a rechazar un subconsciente en la madrugada de un sábado…
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