Es verano.

En una temperatura de 20 grados donde corría el aire suavey pegajoso a la vez, se incrustaban las briznas de arena mostaza en los brazos.
La sensación de falta de aire se respiraba sin poder tan siquiera hacerlo. Poniendo todo el empeño en conseguir absorver algún tipo de olor a sal que en realidad no existía.

Se oía música desde lejos, y en un solo oído retumbaban otras notas diferentes con una fuerza insoportable que terminaban por convertirse en la canción más amada del mundo.

Bebe del vaso que ya está prácticamente roto, pero cuidado no te cortes.

Beirut – Nantes

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