El ego.

Lo que no iba a escribir el otro día lo hago ahora.
Porque sí, porque a veces escribir sobre nosotros mimos parece demasiado narcisista. No se trata de echarse flores gratuitamente, sino de reflexionar hacia dentro.
En este caso, no tanto de nosotros mismos, como de nuestro “yo”, que como decía Ortega va siempre ligado a las circunstancias, a las suyas, y no tanto de las nuestras, como solemos decir.
Nada más alejado de lo cierto. El sienta sus bases sin montar escándalos ni salir en revistas de psicología, y nosotros, como ovejitas de anuncio, las acatamos.

Por tanto, yo, si yo, la egocéntrica de Lara, es la que se queda horas escuchando las “islas de robinson” por la noche mientras los auriculares se le clavan en las orejas intentando buscar la postura perfecta en la que esté agusto y no pierda la onda. La que se fia de sus incoherentes ocurrencias, elucubrando conclusiones que a veces parece que no pueden estar más al borde del mar de los histéricos. Gracias ego.

Cuando me equivoco, (y hablo de mi ya en primera persona porque me apetece sin más), procuro mover las fichas de mis principios sin hacer ruido, para no ceder, para no dar la razón a quien o a lo que la tenía, si es que alguien la tenía. Cabezonería. Soy necia y testaruda, pero no lo niego, o al menos, no demasido. Lo justo, supongo. Gracias ego.

El término medio, en el que procuraba buscar la virtud el leído y misogino Aristóteles, que en cierta medida, a veces alcanzo y otras muchas no, pero que cuando logro atrapar casi físicamente no lo dejo escapar por nada del mundo, al menos eso creo… Gracias ego.

Aunque creer no es saber, ni saber es acertar ni acertar dar con la solución a ciencia cierta.

Por tanto:

Nunca nada es seguro, nunca puedes ganar nada sin arriesgar al menos un poco, y tampoco puedo ser infalible, ni yo ni mi ego.

El mismo, el que engorda y ensalza mis virtudes y defectos, que claramente son muchos más y muchos menos que los que en estos 20 minutos me ha dado tiempo a teclear.

Porque, en realidad, tengo la covicción de que seguiré rebuscando en el agujero que cien años antes abrió alguien que se haya ganado mi admiración, sólo para mantener vivo su ego, que es la única parte indestructible de nuestra naturaleza: humano y asquerosamente adorable.


Devendra Banhart – Foolin’

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2 comentarios

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2 Respuestas a “El ego.

  1. Una de las mejores actualizaciones que he leído.He dicho.

  2. There's no room for the weak.

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