Dale.

Ponía todo el empeño en negar la evidencia. La evidencia no era más que eso, algo manifiesto, que no se podía lograr ocultar ni aunque lo desease con todas mis fuerzas.
No había forma posible de tratar de echar tierra sobre lo que pasaba. Ni empleando toda la tierra que existe entre Goa y Beirut lo hubiese consguido.

El empeño, por una vez, no lo era todo. No servía de nada empeñarse en algo que no lo requería, porque no necesitaba de esfuerzos, todo estaba patente. Sin embargo, sí lo era mirarse de frente y aceptarlo, porque no había otra.

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