Sin Título.

Y no resultan ser tantos días de invierno como creía.

No hay título, no hay título posible en muchas ocasiones. Lo mismo que no se es capaz muchas veces a decidirse por algo muchas veces, simplemente no existe.
Hay ciertas cosas que no están diseñadas para tener un nombre concreto, sobre todo porque son abstractas. Es por tanto por lo que a veces me parece un completo absurdo dar un nombre concreto a algo que desde un principio, para clasificarlo lo consideramos abstracto.

Algo que no se puede coger ni manejar facilmente como una taza o un trozo de papel… ¿por qué ha de tener un nombre?
Obsesionados por no dejar nada fuera de nuestro entendimiento, nos empeñamos en etiquetar todo lo que nos rodea, con la esperanza de tenerlo todo bajo control algún día.

Para mí, no es necesario, yo me conformo con sentir como fluye en el tiempo, entremezclándose con él, a través del cual logra llegar a ser lo que es: experiencias, momentos o estados, más largos o más breves.

No lo nombres, a veces cuando titulamos algo acabamos por estropearlo todo de principio a fin. Vale más no decir nada, hay cosas que vienen y con tiento, se mantienen.

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