Si tu n’étais pas là.

Las costumbres. Dejarlas a un lado parece tremendamente díficil cuando lo intentas. Son tantas y sin embargo, algunas completamente odiosas… Las quieres a todas por igual, e incluso, parecen estar dotadas de un encanto especial aunque sean imposibles de comprender en muchos casos.

A veces te da la impresión de que sentarte en otra silla de la cocina que no sea la tuya, hará que la comida pueda saber totalmente distinta. Desayunar el café de una cafetera que no sea la italiana negra de tu madre se asemeja a cometer la mayor imprudencia del mundo, arriesgándote a estar de mal humor todo el día y parte de la noche ( y es que un café a primera hora de la mañana es imprescindible que sea perfecto o al menos, muy bueno).

Al mismo tiempo, parece imposible imaginarte con otra persona desarrollando ciertas costumbres, porque pasa de ser “intentar dejar una costumbre” a “intentar dejar de estar acostumbrado a costumbres con alguien al que estás acostumbrado”. Es un lío, pero verlo así:

Necesitas de:

– Alguien con quien hayas pasado suficientes horas como para reunir recuerdos equivalentes al mismo numero de minutos que comprenden esas horas.

– Costumbres desarrolladas a partir de esos recuerdos.

Si mezclas todo, pasas de las sillas de la cocina y el café de tu casa a cosas como los paseos rebosantes de pipas, el té rojo con una de azúcar, la lluvia, Florence and the machine mientras escribes en el blog, Metric mientras caminas, los rotos en los pantalones, temblar en el bordillo de un rompeolas aún consciente de que no te vas a caer porque ya lo has hecho miles de veces más, Pulp Fiction, la merienda perfecta, los platos sosos, Amelie, los capuccinos andantes, los libros contra los pdf, formateos accidentales del ordenador, los mensajes afortunados, los mensajes desafortunados, marcar las tazas de rojo…

Es por tanto, una lista ilimitada de cosas, que con el tiempo, inevitablemente van creciendo y que aún más con el tiempo son más díficiles de intentar dejar, como las personas que te proporcionan estas manías, costumbres, o como lo quieras llamar.

Yo no es que las enumere en donde escribo, pero a veces… me dan ganas.

Fréhel – Si Tu N’étais Pas Là

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