Nuevas mañanas.

Para mi, basta el sueño de ver cómo duermes. A mi lado, sin mover más que tus pensamientos en un vacio de sábanas. Lleno de un frío terrible fuera y un calor asfixiante dentro del nudo de nuestras piernas.

Tengo miedo a congelar cada uno de mis poros si se me ocurre sacar un solo dedo del pie fuera de la cama… y me mantengo dentro. Clavo mis ojos en tus párpados tranquilos, llenos de descanso por fin. Y termino por rendirme yo también e intento dormir, confundiendo tus respiros con los mios, sabiedno que no intervengo en tu sueño, pero si en tu despertar.

Despertar tranquilo pero sereno, tranquilo pero complejo. Tan silencioso que se puede oir cómo mis pestañas rozan la funda de la almohada.

Te veo aqui, frente a mi, mirando al techo esperando que no se nos caiga encima y sigamos vivos un día más. Un día más para sentir esa misma vida en el compás de las horas que se avecinan, lentas pero con paso imparable. Cuando

Yo, me paso a tu lado, te miro y callo. Toda palabra sería inútil. Así que, sencillamente en la mayor de las complejidades, susurro a tu cuello mi respiración palpitante y de paso fugaz pero reposado. Estoy encima tuyo.

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