Incendios.

A tu derecha permanece inmóvil el paso de los segundos, un poco vacíos y un poco llenos. Ellos usan el ruido para esconderse de todo lo que se pueda llegar a pensar.
No deberíamos preguntarnos porqué. Hay que dejarlos que corran contentos por entre las resbaladizas calles del Mayo, que llega lluvioso entre 68 nubes.
Y así, permaneces, hasta que la lluvia se para. Ya no me voy a mojar, ni va a llover encima mio.
Tan sólo es agua. Fluida, traspasa unos diez dedos. Y yo no sabía que esto estaba aqui…
Me pregunto cómo, cómo, es posible. Cómo es posible que no reviente nada ni nadie. Cómo sigue un curso en el que ya estás graduado…
En realidad, podría haber escrito en esa ventanilla empañada mil cosas… Pero sólo una resumiría todo a lo que el agua dejó paso.
Sin embargo, fijé la vista en la ventana, preferí ahogarme placidamente entre el vaho de mi boca contra el cuello, tuyo.

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