Farolas divinas.

Como muchas de las preguntas que responderían al sentido de la vida humana, existen numerosos interrogantes personales, que se plantean según a quién. Dependiendo del tipo de persona que consideramos ser, que normalmente dista en gran medida de cómo nos perciben los demás.

No encontrarles respuesta, es, por tanto, una de las posibilidades con mayor probabilidad de éxito. Quedar reducidos a la duda y con la pequeña esperanza de llegar a encontrar un par de pistas que nos lleven a la respuesta.

Llegados a ese punto descubriremos que ya no hay nada. La pregunta que planteada en el comienzo ya no resulta útil, dado que el momento en que la respuesta tomaba importancia, ya no es el mismo, ha volado.

Vivimos llenos de preguntas, pasamos horas escudriñando nefastas o preciosas elucubraciones para finalmente dejarlas reducidas a desalentadoras realidades.

Éstas últimas, tan sólo disfrutadas por unos pocos, ante la poca preparación que conllevan. Tan sólo están hechas para inexpertos y genuinos perdedores que ya ni se inmutan por la derrota de las expectativas.

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