Marisol en Bénicassim.

Vuelta del verano. Del verano fatal en nuestro caso. Por el Norte no ha habido precisamente una temperatura especialmente veraniega, sin embargo, el verano se ha desarrollado con relativa normalidad.

Aún con todas las circunstacias que suponía este verano: una secuela del anterior, teñido por la más que célebre “crisis” que nos hace replatearnos para cuántas cervezas nos dan los euros que tenemos en el bolsillo a la hora de salir de fiesta; el retorno de amigos y amigas procedentes de otros puntos de España a los que se encuentran desplazados por motivos de estudios; o simplemente, el mal clima, y no me refiero al meteorlógico, que se impregnaba en el ambiente.

Por un lado no son factores tremendamente novedosos, sin embargo, se han visto potencialmente acentuados. Sin duda alguna, estos pocos meses de libertad académica, distensión y algo de libertinaje me han traído consigo más de una cara de asombro.

Realmente he llegado a plantearme decenas de veces si la humanidad al completo no sufrirá un trastorno bipolar hiper( que no hipster ) tenso con tendencia al egolatrismo agudo y la pretensión más siniestra. Si bien, somos capaces de saludar a la misma persona en la misma semana una vez con una sonrisa de oreja a oreja y al otro día con cara de haber enterrado en su jardín un cádaver fresco… En cuanto a lo del egolatrismo, creo que lo pongo sólo por quedar de auténtica imbécil, este es un punto del que todo el mundo es consciente… Nos amamos demasiado a nosotros mismos y todos sabemos que la culpa es de los libros de auto-ayuda, de los programas de adelgazamiento televisados y de la Neo. Ahora sí, lo de la pretensión, es algo que se sale de madre se mire por dónde se mire, y es que no podemos poner la vista en ningún punto sin notar que se sale a chorros de cualquiera de ellos. Pongamos algún ejemplo:Los bares de cocktails, esos magníficos emplazamientos donde darse el gustazo consumiendo exquisitas combinaciones de alcoholes… Lo que llega a matar esta afición degustativa tan compleja y amena a la vez, se convierte en un nido de gente que supuestamente sabe por lo que está pagando. Supuestamente, y suponer en este caso es mucho. En primer lugar, porque, por poner un ejemplo, no todos los cocktails son agitados y menos incluyen un baile sútil que no “parece para nada un numerito para ligar” del camarero y hacerse el estupendo… Segundo, no por más sombrillita va a estar mejor hecho. Ni por eso ni por llenarme un vaso de medio litro con 4 limas cortadas… Pedir un mojito incluye lima pero no lima con mojito… Y así todo. La parte graciosa que enlaza con lo pretencioso de las masas, llega cuando le preparan algo que no llega a ser exactamente lo que es ni del modo correcto , se presenta mal (pero monísimo) y así… Pero nada importa cuando la copa cuesta 7 euros y te queda dívina con unas sandalias que parecen más unos zancos con un pavo real muerto con incrustaciones en swarovski.

Con esto no vengo a realizar ningún juicio sobre los que frecuentan este tipo de establecimientos, ni tampoco a aquellos que se creen que les debes algo sólo por mirarles a su cara (no) bonita… Simplemente intento conformar un boceto (que se queda cojo) sobre la cara de la sociedad soleada que he visto conformar este año.

De todos modos, tampoco soy yo una chica que disfrute del verano de un modo tradicional y auténtico, se podría decir más bien que soy un poco negada. El verano y yo no nos llevamos bien, pero al menos nos tenemos respeto. Yo no voy a la playa pero sí como helados, y aunque no me ponga morena me maquillo las ojeras para no asustar demasiado a mis amigos con mi palidez pseudo mortuoria…

Aunque no sé de qué me quejo aqui, en Asturias, cuando no es nada comparado esto con el ambiente levantino español… ¿O debería decir inglés, alemán o francés? Porque señores y señoras, admitamos que el Levante ha sido colonizado por ellos, sólo quedan bares que ni si quiera tienen la carta en español, piscinas, hoteles, playa y tiendas de souvenirs y parques de atracciones, que apuesto han visitado más turistas que autóctonos. Pero, volviendo al tema… El ambiente es tremendo, podría decirse que una mezcla incluso kitsch, que aunque intente ir de moderna y renovada sigue destilando “los pajaritos”, Marisol y Benidorm 68… Qué atrás han quedado Ceuta, dónde iban a por transistores los abuelos, o Fuengirola… Ahora Mallorca y Benidorm son los reyes del mambo.

No estaría mal del todo volver a tener un verano sencillo de aquellos que a los de mi edad y algunos otros no llegó a tocarnos: viajes en coche en los que no se podía respirar de toda la gente que iba dentro, una neverita llena de Mirinda, los hits de Rafaella Carrá y de The Beattles (aunque a mi no me gusten) saliendo de los altavoces, las toallas con dibujos horribles de puestas de sol, las tarteras con tortilla, y los viajes a Altea que sólo se llevaban a cabo porque la hermana pequeña quisiese ir a  peregrinar a la casa que tenía alli Marisol… Ahora no, Altea está en manos de Norma Duval y su Emporio (hahahaha), comemos sandwiches que vienen ya hechos, nos ponemos hasta atrás de tinto de verano, escuchamos letras profundas como “Jhonny la gente está muy loca… WTF?! (osea “qué mi p*ta madre?!) y como mucho peregrinamos a Bénicassim.

Ninguna de las dos opciones está mal, pero reconozcamos que a veces el verano de las películas de suecas en bikini por Benidorm tienen su áquel… Al menos las suecas que salían alegraban la vista.

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