Am(putaciones) al Arte.

Sobre todo este tema de discusiones y aberraciones posibles hacia el campo artístico, he de decir, y al mismo tiempo pronunciarme, que no todo el mundo comprende o sabe ante lo que está.

No es nada extraño oir por parte de cualquier extraño o conocido eso de “Eso lo puedo hacer yo” combinado con el más que célebre “Eso lo hace mi hijo pequeño con los ojos cerrados”. Bien, normalmente, seguido a toda esta declaración de intenciones, viene una mirada de indiferencia hacia la obra en cuestión… Y aunque en ciertas ocasiones la pieza ante la que podamos estar resulte tremendamente absurda, carente de significado o pobre en cuanto a cualquier tipo de noción técnica básica, reconozcamos que la mayoría de los espectadores que realizan estos “juicios” (si es que así se les puede llamar porque normalmente un juicio necesita de argumentos racionales y veraces) ignoran el concepto desde el que se trabaja o simplemente no entienden lo que ven.

Puede que lo primero sea notablemente más díficil de deducir, incluso para alguien que esté acostumbrado a pasear sus ojos por innumerables obras día tras día, sin embargo, el segundo punto termina por resultar el caso más común. Si bien no todo el mundo puede apreciar la sutilidad y la gran teoría científica del color que emanan las obras de Malevich con sus “Negro sobre negro” o su “Blanco sobre blanco”, tampoco se quedan cortos a la hora de amputar por las buenas unas cuantas ideas estéticas del cubismo. No hablamos ya del archiconocido “Guernica” de Pablo Picasso, sino de otros probablemente menos mediatizados como las obras de Juan Gris, que nos prestan mesas para tomar café o botellas de las que sacar alguna que otra gota para rellenar una copa. Tampoco es aqui donde oímos un “Qué capacidad para representar el espacio de una manera completamente distinta a la clásica “(ya no pido una crítica estética al estilo Viollet Le Duc, ni mucho menos, pero sí, apreciar, o al menos intentar apreciar el trabajo del artista y su concepción estética) sino un “qué mal dibuja este hombre! menuda chapuza… no me gusta!”.

Son por tanto estos “no me gusta”, en la mayoría de los casos, un “no lo entiendo”. De todos modos, este fenómeno de “disgusto” podríamos atribuirlo a muchísimas cuestiones. Por un lado, la tremenda jerarquización que se establece en cuanto a los estilos artísticos, por otro la poca difusión que existe sobre este aspecto de la cultura en particular y de ella en su totalidad, y por otro (por no dejar cojo una tercera posible razón) el elitismo que experimenta el Arte hoy por hoy, que parece predicar con un tremendo cartel luminoso: “No puedes ser artista si no tienes dinero”.

Sin  embargo tampoco está bien atribuir sólo culpas al exterior, sino que en el peor de los casos, somos nosotros mismos los que nos imponemos un patrón a la hora de establecer juicios estéticos o de valor en el Arte. A menudo motivado, como decíamos antes, por la no comprensión de los conceptos o la teoría de la artisticidad que maneje cada creador o corriente. Dejando para nuestros salones unas magníficas copias de Sorollas luminosos, y para nuestras estanterías (si es que se tienen… y no están vacías y sólo para adornar) algún libro sobre Rosseetti o Morris, o quizá de Goya (con un poco de suerte). Dando un gran abrazo a lo figurativo y una patada a lo abstracto. ¿Por qué? Bueno, ese es un tema sobre el que procuraré dar mi punto de vista en cualquier otro momento. De momento sólo diré que ARCO ha hecho y sigue haciendo mucho daño, pero que también las revistas de Casa y Jardín han comido las cabezas de toda una generación de madres y padres clasicistas, asi como perlas de la televisión como Sisi o por qué no, cualquier pieza del cine clásico. Sin olvidar, todo el clima derechista que ha primado en nuestro país durante demasiado tiempo (y que hoy sigue estando presente).

Sí que reconozco no obstante lo díficil que resulta hoy en día comprender el arte contemporáneo sin tener a mano el tríptico del museo o sala de exposiciones donde esté expuesta la obra, ese auxiliador pedazo de papel que nos da el suficiente poder para acercarnos a lo que dicen o quizá digan esas tres rayas de color azul sobre un fondo negro que parece no entender ni la tía del pintor… Sin embargo ahí reside una de las partes más interesantes de la contemporaneidad (cuando ésta no es pseudo arte, o una basura disfrazada de obra antisistema), en el acercamiento que el espectador debe realizar al artista para llegar a integrarse en su obra y llegar a compartir por unos instantes su punto de vista.

Yo, acólita convencida del dadá, estoy acostumbrada a oir las “pestes” emanar de numerosas gentes al contemplar obras de Duchamp o Hanna Höch, les digo… En realidad no digo nada, que les den.(REVISIONISTAS! *risas*)

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