A propósito de “Manhattan”.

Existe una fijación con la ciudad. Por mucho que la idea de apartarnos un buen día de todo el bullicio y emigrar hacia un medio rural, bucólico y divino, nos llame a las puertas de la mente un par de veces al mes (aunque no en mi caso), la relación con la ciudad siempre permance inexorablemente hacia delante.

Independientemente de tener conciencia sobre ello o no, todos nos mantenemos anclados a una ciudad. No significa que tenga que tratarse de la ciudad en la que siempre hayamos vivido, sino que un buen día nos atrapa y nos lleva consigo una vez que la abandonamos. Desde la primera vez en la que nos separamos de ella hasta el último de nuestros días, el vínculo que las personas llegamos a establecer con un mero núcleo de población urbano, resulta preocupante y a la vez encantador.

¿Hasta qué punto las personas somos dependientes del medio en el que habitamos? ¿Hasta dónde nos influye? Cada día, al poner el pie en la calle sentimos el aire, más o menos cargado, más o menos frío… Sentimos el ruido, la gente que habla, sola o acompañada, el ruido de nuestros pies sobre los adoquines, los bordillos o las baldosas. Inspira realmente la ciudad lo insufrible de los días, lo llevadero o simplemente lo inesperadamente extraordinario.

Lo que sí es seguro es que nos desconcierta en nuestras decisiones y tiene el mismo poder para darnos la vida y estrangularnos con un sólo minuto. Nos hunde y nos saca a la superficie, nos marea y nos centra. Nos enriquece y nos empobrece sin tener que hablar de dinero. No podemos mantener nuestro humor, trabajo, estudios y relación con los demás sin contar con ella.

Es una madre adoptiva en muchos casos, que no se corresponde con la ciudad o la localidad donde nacemos, pero que sin duda nos da prueba de que el lazo que nos une a ella es tan básico y necesario como el agua.

Llevados hacia las calles y los callejones, los puertos y las playas, los altos barrios y los bajos fondos, nos dirige hacia donde aún no tenemos noción de poder llegar. Nunca nos encontramos repletos por la ciudad, ella nos busca y nos conduce hacia donde se le antoja y a la vez, hace de todo ello una gran comedia de la que no tenemos suficiente fuerza de voluntad para salir.

La ciudad puede ser femenina o masculina, contundente o degenerada, seria u honda, tomadla sin prisa.

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1 comentario

Archivado bajo días rojos., la intimidad de los otros

Una respuesta a “A propósito de “Manhattan”.

  1. Está claro, la ciudad no es un mero espectador. Es más protagonista de lo que nos pensamos. Enfocada en primeros planos hasta la saciedad, la ciudad, superestrella.

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